Te invitamos a nuestro Club de Lectura Viva

CARTEL CLUB LECTURA VIVA copia

Badajoz está fuera de los circuitos de presentación del 99% de los autores que publican hoy en día. Prácticamente, solo durante la Feria del Libro podemos disfrutar de los escritores hablándonos de sus obras y, como es natural, en ese escenario muy rara vez se establece un diálogo entre el autor y el público. La principal razón, pero no la única, es que normalmente el público no ha leído previamente el libro que se presenta. Otra fundamental, es el propio formato del acto, incluido en un programa de vértigo donde los tiempos mandas.

Para paliar esta carencia, el CELARD presentó a finales del pasado año un nuevo proyecto al Ayuntamiento de Badajoz, que no dudó en recoger el guante. El Club de Lectura Viva, gracias al apoyo económico del Ayuntamiento y a la gestión altruista del CELARD, servirá como revulsivo para que editores, autores y lectores encuentren atractivo reunirse en las librerías de nuestra ciudad a charlar sobre novedades literarias, algo que en las grandes ciudades ocurre con cierta frecuencia, y que gracias al esfuerzo de nuestros libreros está cada vez más presente en Badajoz.

Tú, lector, necesitas saber que simplemente por inscribirte y participar en él, el Club financiará el 50% del importe de tu ejemplar del libro, para que la literatura este realmente al alcance de todos los que tengan interés en hacer un pequeño esfuerzo por acercarse a ella.

Necesitas saber también que las plazas son limitadas y que si quieres conseguir una deberás inscribirte entre el 20 y el 29 de enero. Estas se asignarán por orden de recepción de las solicitudes.

Todo la información está a tu disposición en nuestra nueva sección CLUB DE LECTURA VIVA, que puedes encontrar desde hoy en la barra superior de Menú. Ahí podrás inscribirte, consultar la programación y seguir el día a día del Club. ¡Te esperamos el lunes 25 en la presentación!

Microrrelatos radiados: los regalos y la educación

Por si aún no sabéis cómo funciona nuestro taller literario radiofónico, prestad atención:

Cada semana elegiremos un motivo a partir del cual los participantes deberán escribir un microrrelato. Un buen motivo literario debe ser lo suficientemente específico para arrastrar a la imaginación y alentarla, espolearla, y a la vez lo suficientemente abierto como para ser enfocado desde un punto vista original por cada escritor.

Esta semana, vamos a tomar como motivo de escritura:

La educación

Foto: Chema Madoz

Escucha aquí el podcast del programa

 

La educación es un motivo muy amplio, porque abarca multitud de combinaciones posibles entre personajes de distinta índole, puede tener lugar en muy diversos escenarios y, además, se presta especialmente bien a la carga de un significado profundo, dándole al microrrelato una carga argumental que le sienta bien, por cuanto necesita ser contundente dentro de su brevedad.

Contextos de aprendizaje (desde el conservatorio hasta la prisión); relaciones entre alumnos-maestros-discípulos-hijos-padres; escenarios propios de la educación reglada o extraordinarios; consecuencias de la educación o de su carencia. Todos ellos son puntos de partida válidos y productivos para encarar la escritura.

Examen final, de Miguel Ángel Carmona

El alumno cuyos apellidos rimaban con un inagotable repertorio de sinónimos de gordo sudaba como en clase de gimnasia, solo que esta vez nadie se burlaba. Él los miraba de hito en hito y repasaba el orden por el que los llamaría a la pizarra. El profesor, desde su silla, contemplaba todo con los ojos muy abiertos, demasiado abiertos, sin que nadie se atreviera a cerrárselos.

Educación especial, de Javier Crespo

Como sombras disipadas por un nuevo amanecer abandonan el sótano que apenas ilumina un pequeño quinqué. Las tres amigas dibujan ojeras en el rostro después de una noche más de estudio. Guardan con esmero los libros, los lápices, las libretas. Se dan un fuerte abrazo y se despiden hasta la noche. Las sirenas anuncian el fin del toque de queda y salen a las calles aún desiertas caminando tan deprisa como les permiten sus burkas.

Construye tu historia en un máximo de 100 palabras, sin incluir el título. Después, envíanoslo a través de este formulario:

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¡Te esperamos en el taller literario de El Sol!

Microrrelatos radiados: las relaciones y los regalos

Por si aún no sabéis cómo funciona nuestro taller literario radiofónico, prestad atención:

Cada semana elegiremos un motivo a partir del cual los participantes deberán escribir un microrrelato. Un buen motivo literario debe ser lo suficientemente específico para arrastrar a la imaginación y alentarla, espolearla, y a la vez lo suficientemente abierto como para ser enfocado desde un punto vista original por cada escritor.

Esta semana, vamos a tomar como motivo de escritura:

Los regalos

Foto: Chema Madoz

Escucha aquí el podcast del programa

Un regalo es un vehículo narrativo perfecto a partir del cual construir un cuento, porque de un solo vistazo el lector tiene una impresión general de la trama: dos personajes al menos, una relación preexistente, un objeto que los vincula y un necesario desenlace basado en la reacción de aquel al que se regala. Esta sería la estructura normal que, además, es perfectamente trasladable, como trama, a otras historias en las que no hay regalo alguno. Sin embargo, hay infinitas maneras de organizar el cuento.

Para empezar, el regalo no tiene porqué hacerse de persona a persona. Puede que nos lo haga el azar, el destino o los Reyes Magos, tal vez. Lo que sí implicará siempre será el tratamiento de la ilusión (no necesariamente de manera explícita), que dependerá a su vez de las expectativas creadas. La sorpresa es, en sí, el objetivo último de la intriga que es, a su vez, la razón de ser de la trama.

Como veréis, un regalo puede dar para mucho y nos puede enseñar, por los caracteres intrínsecos del acto de regalar, a construir una buena historia.

 

Aquí dejamos algunos ejemplos aunque, como veréis, el motivo de esta semana va a exigir un plus de originalidad.

Hacerse mayor, de Miguel Ángel Carmona

Estaba envuelta, pero era una sartén. Una sartén forrada de papel de periódico. Incluso el desenvolverla le parecía penoso, pero su madre lo miraba con la sonrisa suspendida, como un labrador que espera a que le tiren la pelota. Es para los dos, dijo. Claro, pensó Juan, como la vajilla, como las toallas, como la cafetera. ¿Qué querías que te regalara tu madre, un Scalextrix?, había ironizado Julia, ya de vuelta los dos en casa, con el corazón latiéndole a mil por hora. En el cuarto de matrimonio, esperándole, el circuito de Lemans con dos Tyrrel de seis ruedas.

Tiempo y vida, de Lucía Orts

Se miró las manos, sentía cada arruga en el alma. Un año más. Se arrepentía de tantas cosas… No de las que había hecho sino de las que le faltaban por hacer. Pronto salió de su ensimismamiento y miró al frente. Su nieto le traía un regalo.

– ¿Un reloj parado y atrasado? – preguntó confuso el abuelo al arrancar el envoltorio. A lo que el joven respondió: No, tiempo. Te regalo tiempo.

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Microrrelatos Radiados: la guerra y las relaciones de pareja

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Cada semana elegiremos un motivo a partir del cual los participantes deberán escribir un microrrelato. Un buen motivo literario debe ser lo suficientemente específico para arrastrar a la imaginación y alentarla, espolearla, y a la vez lo suficientemente abierto como para ser enfocado desde un punto vista original por cada escritor.

Esta semana, vamos a tomar como motivo de escritura:

Las relaciones de pareja

Foto: Chema Madoz

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Las relaciones de pareja son la materia por excelencia de artes como la literatura o el cine. En muchas ocasiones, estas relaciones se entienden únicamente desde la perspectiva del binomio amor/desamor, mientras que el análisis y la representación de facetas como la soledad dentro de la pareja, la maternidad y la paternidad, la gestión del tiempo, del dinero, de los espacios comunes, etc., pasan desapercibidas. Sin embargo, en la vida real, el amor y el desamor, como tal, recibe una atención casi anecdótica en comparación al resto de retos diarios que supone la vida en pareja.

En definitiva, los personajes suelen tener mucho más tiempo para el amor que las personas y eso, junto a la forma en que este facilita la apertura y cierre de tramas, han provocado que nuestras novelas, cuentos y películas estén plagadas de relaciones tópicas donde se aborda el amor de una manera frontal y no a partir de los detalles, de lo concreto y accesorio, que ocupa la mayor parte de nuestras vidas.

Qué duda cabe que el amor o el desamor está detrás de todo, pero os pedimos que os acerquéis a él desde distintas perspectivas; que os acerquéis a los personajes a través de su relación y no a una relación a través de sus personajes.

Aquí dejamos algunos ejemplos aunque, como veréis, el motivo de esta semana va a exigir un plus de originalidad.

Todo va bien, de Ernesto Ortega

Vuelven a ser invisibles en cuanto sus hijos entran en el internado. De camino a casa apenas se dirigirán la palabra. Solo algún monosílabo a alguna pregunta despistada. Ella jugueteará con el móvil y él se concentrará en la carretera. Les espera una semana larga, en la que él se quedará hasta tarde en la oficina, alegando que está desbordado de trabajo. Y ella, sin tener apenas que cocinar, limpiará sobre limpio y buscará la compañía de algún canal de televisión. Hasta que, por fin, llegue el viernes y vayan a buscarlos, cogidos de la mano, fingiendo que todo va bien.

 

Doble o nada, de Miguel Ángel Carmona

Iban discutiendo en el coche. Ella le gritó: te odio, y ojalá te mueras, o las dos cosas. Él dio un volantazo y el coche varias vueltas de campana. Cuando ambos salieron de la UCI, ella le preguntó qué había pasado. Se nos cruzó un ciervo, dijo él. He pensado mucho todo este tiempo, respondió ella. Morirnos así, enfadados: ¿qué fracaso, no? Él asintió y se dejó abrazar. También había tenido mucho tiempo para pensar. En lo que más había tardado había sido en decidirse por el ciervo y todavía tenía sus dudas sobre si un perro hubiera sido más creíble.

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Micros Radiados: la risa y la guerra

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Cada semana elegiremos un motivo a partir del cual los participantes deberán escribir un microrrelato. Un buen motivo literario debe ser lo suficientemente específico para arrastrar a la imaginación y alentarla, espolearla, y a la vez lo suficientemente abierto como para ser enfocado desde un punto vista original por cada escritor.

Esta semana, vamos a tomar como motivo de escritura:

La guerra

Foto: Chema Madoz

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La guerra es un fenómeno que afecta a todas las escalas, ámbitos y espacios de una sociedad. La guerra contemporánea, con sus justificaciones, con sus asimetrías y, sobre todo, con el inmenso poder destructivo puesto a su servicio, ha saltado desde los campos de batalla a las calles, los colegios, las casas. La guerra hoy se gana en algunos despachos, en los mismos despachos de siempre, pero se pierde dentro de un mismo.

La propuesta de esa semana es acercarnos a esos espacios a donde no acuden los historiadores ni los grandes polemólogos. Es colarnos en esos escenarios en los que la guerra se manifiesta con toda su brutalidad, bien sea a través de la risa, del silencio, del llanto, de la amistad, del miedo, del juego…

Aquí dejamos algunos ejemplos aunque, como veréis, el motivo de esta semana no tiene horizonte a la vista.

 

Infantería, de Miguel Ángel Carmona

Casi todos han sido capturados. Los han puesto de rodillas, con las manos en la nuca, me dice Sebas mordiéndose las uñas. Julián se ha hecho pis encima.

Aquí estaremos seguros hasta la noche. Esta mañana tuvimos que echar a correr hacia el bosque con los pijamas puestos, algunos de nosotros descalzos. El enemigo había descubierto nuestra posición, probablemente por ese fuego que tuvieron que encender los monitores para que los pequeños durmieran tranquilos.

Idiotas. Como si alguno de nuestros padres nos hubiera apuntado a este campamento para que durmiéramos tranquilos.

 

Roñas 

En el calabozo, mi abuelo observó cómo se consumía la vela. A la mañana siguiente, iban a fusilarlos a él y a varios hombres más que yacían en el jergón de paja. Cuando llegó la hora, se acercó a los barrotes de la celda un capitán de las tropas franquistas.

—¿Algo que alegar en su defensa?

—Si… si yo soy muy devoto, iba para cura —dijo mi abuelo.

—Ya, y por eso estás aquí con los rojos, no te jode. A ver listo, si tanto sabes ¿qué santo es pasado mañana?

Mi abuelo que no había pisado una iglesia desde 1912 cuando le bautizaron, miró al oficial a los ojos y le replicó sin titubeos:

—Santa Hilaria.

Y eso le salvó la vida. Una cosa era no creer en Dios y otra olvidar el día del nacimiento de su esposa.

(fuente: http://blogs.cadenaser.com/concurso-relatos-guerra-civil/)

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Microrrelatos radiados: la fotografía y la risa

Por si aún no sabéis cómo funciona nuestro taller literario radiofónico, prestad atención:

Cada semana elegiremos un motivo a partir del cual los participantes deberán escribir un microrrelato. Un buen motivo literario debe ser lo suficientemente específico para arrastrar a la imaginación y alentarla, espolearla, y a la vez lo suficientemente abierto como para ser enfocado desde un punto vista original por cada escritor.

Aquí os dejamos las fotografías que fueron la base de los microrrelatos seleccionados esta semana:

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Foto de Robert Doisneau

 

Foto de Sebastiao Salgado

Escucha aquí el podcast del programa

 

Ahora bien, esta semana vamos a tomar como motivo de escritura:

La risa

Para un escritor es a veces tan difícil como imprescindible alejarse de la realidad, precisamente para poder verla con perspectiva. Es escritor, como cualquier artista, se encuentra más cómodo nadando a contracorriente y prefiere, normalmente, tratar determinados temas cuando nadie o poca gente lo hace.

Por eso, entre tanta tragedia, tristeza y miedo, vamos a poner a nuestros talleristas a trabajar con la risa: la risa espontánea, la risa pintada o la prohibida; la risa silenciosa o la carcajada; la risa de emoción, de nervios o de locura. La risa, el único gesto que siempre hace más bellos los rostros.

Os dejamos un ejemplo:

Aula estable, de Miguel Ángel Carmona

No, mamá, todos no. Pedro nunca se ríe. No sabe. No es capaz. Dicen que las cosas le hacen gracia, pero que para él reírse y que algo le haga gracia no va junto. Lo dice la profesora. Sí, ¿a qué clase va a ir si no? Es igual que todos, solo que no se ríe, y también que sigue viendo dibujos de niños pequeños. Pero en matemáticas: un máquina. ¿Los demás? Bien. Mejor que a mí. Por eso nos sentamos juntos. Porque así, por lo menos, el que tengo a mi lado no se ríe de mí.

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Microrrelatos radiados: el despiste y la fotografía

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Esta semana, vamos a tomar como motivo de escritura:

La fotografía

Chema Madoz

Escucha aquí el podcast del programa

Está claro que la única fuente inagotable de creación es la realidad, y pocos canales de expresión artística son capaces de captarla como la fotografía. En ella están contenidos, codificados, todos los parámetros y condiciones en que fue tomada: la luz, claro está, y el color, pero también la temperatura en la piel de los fotografiados, en sus ropas; el ánimo en sus rostros, en sus sonrisas, en la relación con su entorno; el movimiento, los aromas, el contexto social. Una fotografía es el microrrelato perfecto, por cuanto elide todo el pretexto y el postexto, y se centra únicamente en el texto. El escritor puede decidir entonces tomar la imagen y narrarla, o inventar un pasado y un futuro posibles para el presente que tiene ante él.

Lo que proponemos esta semana es que escribáis un micro a partir de una foto y que, junto al micro, nos enviéis el enlace a esa foto. Y, como ejemplo, os presentamos esta fotografía del checoslovaco Joseph Koudelka, del que podéis ver una exposición en la Fundación Mapfre, en Madrid, hasta el 29 de este mes.

Joseph Koudelka

Joseph Koudelka

La monja y el demonio, de Miguel Ángel Carmona

Me lo avisó y, sin embargo, fue verlo y no tener ojos para el resto. Sus cuernos y su rabo no lograban desfigurar un cuerpo propio de un dios y un rostro de ángel. El torso rojo y sudoroso, cubierto de arena primero y después de gotas agua salada, o de llanto del creador. Me lo avisó. Mañana, cuando despiertes, no estaré aquí. Yo ya llevaba un par de gintonics así que no me pareció mala idea. Al fin y al cabo, aquellas fiestas de disfraces en la playa podían resultar tremendamente aburridas.

Vocación, de Miguel Ángel Carmona

Huele a sal. Sabe a sal, pero es desengaño. Las gaviotas se ríen de mí. Lo han visto zarpar. Lo han visto desnudarse, dejar junto a mi cuerpo dormido el maletín y el paraguas, y echarse al mar. Lo esperaban en un yate a cien metros de la orilla. Ahora tengo dos opciones. Seguirlo y dejar que mis hábitos se traben en los rompientes, ir a dormir junto al coral, o regresar al convento donde me espera un perdón que a estas alturas me niego a pedir.

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Microrrelatos radiados: el cautiverio

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Esta semana, vamos a tomar como motivo de escritura:

El despiste

Escucha aquí el podcast del programa

Hay despistes que pueden provocar verdaderas catástrofes, y otros que pueden acabar siendo beneficiosos para toda la humanidad, como el que Flemming se olvidara unas bandejas de cultivo en el sótano del laboratorio donde trabajaba al irse de vacaciones. Podemos tener conciencia de los efectos de nuestro despiste o no, y pasar el resto de nuestra vida pensando que aquello que hizo saltar nuestro coche fue una piedra en medio de la carretera. Hay gente que pretende ser despistada para poder prestar atención a lo que le rodea sin dar la sensación de estar vigilantes, y otra que, directamente, vive en otro mundo.

La costumbre, de Ignacio Artacho

Todo estaba dibujado en la pequeña libreta gris que llevaba en el bolsillo de su pantalón: los primeros garabatos intrascendentes; los avances prometedores que llevarían a laboratorios de medio mundo a disputarse sus servicios; aquellos insoportables castillos de ecuaciones que le consumieron las noches y el matrimonio; la hermosísima serie de bocetos de virus y bacterias merecedora de figurar en el catálogo de cualquier pinacoteca. Y, por fin, el hallazgo formidable, la cifra y la fórmula que —de demostrarse— supondrían el fin de la enfermedad. Todo estaba en aquella libreta que siempre llevaba en el bolsillo del pantalón y que ahora golpeaba rítmicamente contra el cristal a cada vuelta del tambor de la lavadora.

Brote, de Miguel Ángel Carmona

Sé que están en este cuarto de baño. Además, ya no me atrevo a salir: no sin ellas. Escucho pasos ahí fuera. Tengo un minuto para encontrarlas. Si no, ellos me encontrarán antes.

Recuerdo el momento en que Claudia las vio en el salón y me dijo: déjalas donde siempre. Intenté que mi médico me recetara dos cajas para tener unas de reserva, pero no se fía de mí.

Claudia grita desde la cocina. La tienen. Rompo el espejo con el codo, envuelvo un trozo de cristal en una toalla y lo empuño. A tomar por culo la terapia.

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Microrrelatos radiados: el cautiverio

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Esta semana, vamos a tomar como motivo de escritura:

El cautiverio

Chema Madoz

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Y para la próxima semana, vamos a tomar como motivo de escritura algo que puede dar mucho juego, pero del que se ha escrito tanto, no solo para la literatura, sino para el cine, que puede llevarnos a caer en tópicos: la privación de libertad, el cautiverio, la reclusión. Mirad que no nos estamos refiriendo expresamente a la cárcel, porque precisamente tenemos la oportunidad de explorar otros tipos de cautiverio: el forzoso y el voluntario; el legal y el ilegal; el lucrativo, el infructuoso; el físico y el emocional. Y precisamente este último es el que nos permitirá explorar un mayor número de posibles situaciones, como las que nos presentan los textos elegidos esta semana como ejemplos:

 

ESCAPE, de Manuel Araníbar

Odio este lugar. Me podrás decir, hermano, que no nos falta comida, que estamos abrigados, pero prisión es prisión. Allá tú si no me sigues. Yo me voy.

—Ya sale el primero —dijo el doctor—, es un varoncito.

 

ORIENTADA AL SUR, de Miguel Ángel Carmona

—Un poco más a la derecha. No, te has pasado. Ahí.

Marta suda por la tensión, y también por la medicación. Solo tiene diecinueve años, y admira a la Arquitecta, como la llaman todas. Sabe dar órdenes, una cualidad infrecuente entre esas cuatro paredes.

—La piscina está justo detrás. Ya verás que vistas vas a tener.

Con mano temblorosa, traza un cuadrado con la tiza roja. Después lo parte en cuatro.

—No te olvides de los tiradores.

Marta saca la lengua y se la muerde mientras hace dos circulitos.

—¿No entrará mucho sol? —pregunta, tímida.

—Tranquila. Está orientada al sur.

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Microrrelatos radiados: el vino

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Esta semana, vamos a tomar como motivo de escritura:

El vino

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A partir del minuto 35′

Ya le dedicamos una sesión en la temporada pasada de nuestro taller radiofónico al tabaco, pero nos dejamos atrás este amigo inseparable de las grandes ocasiones. Una copa de vino es testigo de nacimientos y funerales, de uniones y separaciones; es sagrada para unos, y motivo de condenación eterna para otros. Una copa de vino puede sobrar o faltar, puede beberse o verterse; puede ser el punto de partida, o la meta.

Y, para colmo, puede acompañarnos en la escritura de su propia historia o no, lo que nos permitirá enfocar el proceso creativo priorizando la percepción y la experiencia, o el recuerdo y la emoción.

 

INOPORTUNO, Juan Luis Saldaña

Mientras esperaba en la mesa, froté la botella de vino. Un genio salió y me dijo:

—Eres afortunado. Te concedo un deseo.

—Entra en la botella —le respondí—, y conviértete en el mejor vino posible para esta velada.

 

LAS MEJORES FIESTAS DEL VECINDARIO, de Miguel Ángel Carmona

Desperté en el sofá. Me dolía la nuca como si hubiera sobrevivido al garrote vil. Había sillas volcadas, extrañas manchas en el papel pintado y un rastro de gotas rojas que se perdía en la cocina. Empuñé una de las botellas y caminé como pude, a gatas primero, semierguido después. Apoyado en el quicio de la puerta observé a la rubia que recogía mi cocina.

—Dime que todas esas manchas no son de sangre —supliqué con voz pastosa.

—No, cariño, es vino. Ayer también te dio por hacer el aspersor —contestó ella mientras empujaba con la pierna la puerta del congelador.

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