Taller literario radiofónico. Sesión I: El binomio fantástico.

Resumen: componer una historia (máx. 250 palabras) que parta del binomio: LIBRO – GUERRA

Enviarla a: elsol@canalextremadura.es antes del jueves 16 de enero a las 18:00

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¡Escucha aquí el podcast del programa!

Gianni Rodari vivió sesenta años en el RODARI2siglo pasado, desde 1920 a 1980, y su actividad tuvo siempre dos ejes claros y que nadie como él supo intrincar: el compromiso social y la pedagogía. Maestro y periodista, nunca ejerció una profesión sin ejercer a su vez la otra, (y en eso coincidía con nuestro querido Antonio Román Díez), cultivando, tal vez como mero instrumento, tal vez como balsa de salvación, la tercera y más importante: la de escritor.

Rodari marcó un antes y un después en la manera de entender la creación con su obra Gramática de la fantasía, que más que un libro o una teoría era una manera nueva de entender la relación del ser humano con las historias y, sobre todo, con la imaginación. Sus palabras son las mejores para explicarlo:

Lo que estoy haciendo es investigar las “constantes” de los mecanismos de la fantasía, las leyes de la invención que aún no han sido formuladas, para ponerlos a disposición de cualquiera. Insisto en señalar que, aunque el Romanticismo lo haya rodeado de misterio y haya instaurado una suerte de culto en torno a él, el proceso creativo es inherente a la naturaleza humana, y, por tanto, está al alcance de todos, con toda esa alegría de expresarse.

Y es que la calidad en el arte no responde a criterios objetivos, sino a cánones estéticos que cambian con el tiempo. El verdadero arte es el fuego que prende la chispa que salta al frotar la imaginación con la autenticidad.

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En su Gramática de la fantasía, Rodari propone multitud de técnicas para despertar la creatividad, como ésta en la que invertiremos nuestra primera sesión y que Rodari bautizó con el nombre de binomio fantástico. El binomio fantástico es un clásico de talleres y grupos dedicados a la creación, y lo es por una razón fundamental: no hace falta nada más que imaginación para hacerla funcionar. Ni cultura literaria, ni conocimientos sobre escritura, ni oficio, ni siquiera costumbre. No en vano, los destinatarios de estas dinámicas de Rodari eran los niños de las escuelas, por lo que no podían ser demasiado complejas.

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El binomio fantástico es el que forman dos palabras de campos semánticos distintos, es decir, dos palabras cuyos significados no estén directamente relacionados ni su contexto o ni por su naturaleza léxica. Para ir aclarando los términos, que es lo que nos interesa, pongamos un ejemplo de binomio fantástico: nube-linterna; y pongamos uno que de algo que no lo es: cabaña y edificio. ¿Por qué? Porque pertenecen al mismo campo semántico: el de las construcciones; muro y tejado tampoco, porque pertenecen al de elementos constructivos; casa y casero, tampoco, porque pertenecen la misma familia léxica, comparten raíz y, en definitiva, no hay nada fantástico en agruparlos.

Nube y linterna, por su parte, no comparten raíz ni tampoco semántica y componen, por lo tanto, un binomio fantástico. Sin embargo, en términos de fantasía, todo es relativo y graduable.

¿Hay binomios más fantásticos que otros? Pues sí. Todo depende de lo extrañas, usando la terminología de Rodari, que sean las palabras entre sí: tren y suspiro, a mí me parece más fantástico que, por ejemplo, oso y puerta, o que lapicero y carretera. No sé por qué. En realidad, lo que está deseando salir cuando consideramos un binomio más fantástico que otro es la historia que ya empuja desde dentro en nuestra cabeza. Hay binomios que, sencillamente, estimulan más nuestra imaginación.

Bastará con que toméis un diccionario, lo abráis por una página al azar, y poséis el dedo en un punto cualquiera. Vamos a intentar seleccionar dos sustantivos, de modo que si caemos en un adverbio, un verbo, o en una palabra de cualquier otra categoría, busquemos el sustantivo más cercano y nos quedemos con él.

En este caso tomaremos como ejemplo el binomio ESTRELLA-AGUJERO. Como veréis, cada una de las palabras por sí no nos dice gran cosa. Rodari justifica con claridad la necesidad de que esas palabras interactúen entre sí.

No basta un polo eléctrico para provocar una chispa. Hacen falta dos. Una palabra reacciona cuando encuentra una segunda que la provoca y la obliga a salir del camino de la monotonía, a descubrirse nuevas capacidades de significado. No hay vida donde no hay lucha.

Ahora probemos a combinar ambas palabras, y la manera más simple de hacerlo es relacionarlas mediante proposiciones y artículos.

la estrella del agujero

la estrella en el agujero

un agujero en la estrella

el agujero y su estrella

Lo que debemos hacer ahora es seleccionar una de estas propuestas y crear una historia, lo más disparatada posible. Se trata de dejar volar la imaginación sin más.

Por ejemplo, con “la estrella del agujero” podemos imaginarnos unImagen músico muy famoso de jazz, una estrella. Está harto de la fama, así que decide disfrazarse para que no lo reconozcan e ir de antro en antro, de agujero en agujero (fijaos, ya tenemos el binomio), tocando su saxofón. En esos ambientes deprimidos y oscuros, su música por alguna razón provoca reacciones extraordinarias y desproporcionadas. Unas veces bailan como locos, otras rompen a llorar emocionados, a veces la clientela se vuelve violenta… Hasta que un día, en uno de esos garitos que puede llamarse El agujero, uno de los clientes le reconoce y entonces pasa algo aún más extraordinario, o quizás no, quizás sencillamente vuelve a casa. Habría que escribir la historia para averiguarlo. ¿Qué os parece como punto de partida?

Ahora bien, aprovechando que hemos extraído esas palabras del diccionario, podemos ver si, agarrándonos a otra acepción un poco menos frecuente podemos darle una vuelta de tuerca a la historia.

Fijaos, un agujero es, a parte de lo que todos conocemos, un sinónimo de alfiletero, y también una persona que fabrica agujas. Vamos a quedarnos con esta última acepción, y a desarrollar la cuarta propuesta: “el agujero y su estrella”

Nuestro agujetero lleva toda la vida fabricando agujas en un minúsculo taller, malviviendo, hasta que un buen día, un representante de una multinacional le dice que tiene que fabricar cien mil agujas en una semana. Imposible, dice el agujetero, pero entonces el hombre le pone un buen fajo de billetes encima de la mesa y le dice que puede hacerle rico. Es la última oportunidad de su vida, así que se pone a hacer agujas día y noche. Cuando lleva tres días sin dormir se queda dormido y se despierta porque se ha pinchado en un dedo. Sobre la mesa hay una gota de sangre con una forma muy extraña: tiene forma de estrella. El agujetero no es un hombre dado a los misticismos pero aquello no lo ha visto nunca, así que sale al patio a fumar un cigarro para despejarse y allí, en medio del cielo negro sin luna, hay una sola estrella que parece brillar sólo para él. Entra a prisa en el taller. Empieza a buscar como loco por los cajones hasta que se detiene en uno de ellos. Coge una foto. Estaba seguro de que era la última oportunidad de su vida, pero hasta ahora no tenía claro de para qué. La foto es de su amor de juventud, una linda muchacha de la que sólo recuerda su nombre: Estrella.

Bueno, y ¿qué es lo que hay que hacer?

Una cosa debe quedar clara: el objetivo de esta actividad es fomentar la creatividad y despertar la imaginación, y no tanto la elaboración de un texto de literario. Por lo tanto, el ejercicio se compone de dos pasos: el primero, imaginar la historia, que es lo que hemos hecho nosotros aquí; y el segundo, que es mucho menos importante en esta ocasión, darle a esa historia una forma parecida a la del relato. Lo que buscaremos en el texto que elijamos será la capacidad para relacionar esas dos palabras en un contexto disparatado, pero que tenga sentido, y no tanto la calidad en el estilo. En tres palabras: imaginación al poder.

Y para finalizar vamos a proponer un nuevo binomio fantástico para que trabajéis en casa e inventéis vuestra propia historia: LIBRO-GUERRA

Aquéllos que quieran participar deben enviarnos su texto a la dirección de correo elsol@canalextrmadura.es, antes de las 18:00 del próximo jueves día 16 de enero. El texto no debe exceder las 250 palabras. Quincenalmente, elegiremos uno y lo comentaremos en antena. Además, cada uno de los seleccionados tendrá una pequeña recompensa y, el mejor de todos, al final de la temporada, se llevará un premio sólo apto para escritores.

¡Dejad volar la imaginación!

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