Un nueve de enero

Un nueve de enero, tal día como hoy pero de hace dos años, Imagenmoría Antonio Román Díez García. Podaba unos rosales en su casa de Monesterio, sita en el Cerro de Pimienta, cuando el corazón que latía en su poesía como late el Sol en los párpados del dormido, se paró.

Dejó un poemario inconcluso y doce por defender del olvido, de la ignorancia, de la indiferencia; por elevar hasta el lugar que merecen en los anaqueles de la historia de la literatura (esa furcia necrofílica que sólo parece amar a los muertos).

Dejó muchos niños, ya hombres, educados en el amor a las letras y la poesía, en las clases de los colegios donde enseñó, y fuera de ellos. Pero dejó, sobre todo, la fuerza necesaria en sus versos para arrostrar las dificultades de la vida, para nombrar la tragedia, arrinconarla contra las palabras que la contienen. Román escribió el drama como nadie, y al darle forma, al conjurarlo, le hacía el mayor servicio posible a la alegría. El enfermo que acude al médico se siente aliviado cuando conoce el nombre de su enfermedad; por grave que ésta sea, descansa de su ignorancia. ¿Es por eso la noticia de su mal una buena noticia? Obviamente no. La buena noticia es que ha sido comunicada, verbalizada, asida, aprehendida, dispuesta para ser interiorizada, asimilada, incorporada.

Por eso cuando uno lee la poesía de Román siente un extraño alivio, por más que los versos denuncien la injusticia social, el inexorable paso del tiempo, las pérdidas inevitables, las ausencias; siente un goce electrizante, secreto, incomunicable: se siente vivo.

Un nueve de enero, tal día como hoy pero de hace un año, nacía públicamente el Centro de Estudios Literarios Antonio Román Díez, una entidad sin ánimo de lucro dedicada principalmente a la formación de escritores en la ciudad de Badajoz. A través de talleres literarios, encuentros entre escritores, jornadas y seminarios, certámenes, publicaciones, y otras actividades quizás más difíciles de clasificar, intentamos facilitarle al escritor las herramientas necesarias para su desarrollo.

Para nosotros es un orgullo llamarnos por su nombre, sentir cerca su voz profunda y tersa como la piel de un tambor, su mirada serena, a ratos encendida por una idea que lo atravesaba como un rayo; y sabernos acompañados por su obra y su espíritu en este proyecto que pretender aunar, como él hizo, literatura y enseñanza, escritura y aprendizaje.

Y para aquellos que han echado de menos su tradicional villancico navideño, conténtense con releer éste que contiene todo el compromiso y la belleza que campaban por igual en sus estrofas, claro ejemplo de lo dicho hasta ahora.

Miguel Ángel Carmona del Barco

Directo del CELARD

 

VILLANCICO PARA NO SER CANTADO

            Que no levante la mar

su bravura marinera.

Que es noche en el meridiano

Y viene un niño africano

Acunado en su patera.

Ay! remero Baltasar

-patrón de la botadura-

que no hay polar

en la altura,

ni blancura

que te señale el lugar.

La luz de su singladura

Se la está tragando el mar.

(Fugitivo navegar

a la aventura)

¿Qué cielo, que no es añil,

llevará, sin que se vea

a este grumete de brea

a un cuévano de cantil?

Ay! del aire, tan hostil

Que por las sombras planea…

Colmillo de la marea

De otra navidad dos mil.

Antonio Román Díez García

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