Microrrelatos radiados: la infidelidad y los secretos inconfesables

Por si aún no sabéis cómo funciona nuestro taller literario radiofónico, prestad atención:

Cada semana elegiremos un motivo a partir del cual los participantes deberán escribir un microrrelato. Un buen motivo literario debe ser lo suficientemente específico para arrastrar a la imaginación y alentarla, espolearla, y a la vez lo suficientemente abierto como para ser enfocado desde un punto vista original por cada escritor.

Esta semana, vamos a tomar como motivo de escritura:

Secretos inconfesables

Foto: Chema Madoz

Escucha aquí el podcast del programa

Dijo el escritor Jim Thompson que hay 32 maneras de escribir una historia, pero solo una trama: nada es lo que parece. Toda buena trama es, en relidad, un secreto que se revela, unas veces poco a poco, otras súbitamente, unas por completo, otras, a medias, dejando en la mente del lector un puñado de interrogantes.

Un personaje con un secreto inconfesable es como un Fugu, ese pez venenoso que se cocina en algunos restaurantes japoneses, y que, de preparse de la manera incorrecta, puede ser mortal, pero que es considerado un manjar por los valientes que se atreven a probarlo.

Su secreto no debe oscurecer al resto del personaje, sino arrojar luz sobre su forma de entender el mundo. No debemos conocer el secreto a través del personaje, sino al personaje a través del secreto.

Sic transit gloria mundi, de Ricardo Álamo

El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre; el intenso olor a tabaco; la botella de ginebra medio vacía; el libro de Cernuda tirado en el suelo; la foto de su boda partida en dos; la luz difusa de una lámpara de mesa; la tele apagada, sin vida…

El niño siente un enorme desasosiego. Con casi aprensión o asco, se acerca más al cuerpo rígido de su padre. Primero le toca las medias rojas de seda. Luego, haciendo un ligero escorzo, mira por debajo de la minifalda que lleva puesta.

 

El puente de los suicidas, de Miguel Ángel Carmona

El rehabilitador se aplica a los muslos inertes e insensibles y, mientras tanto, le sonríe y le habla sobre su novia. Después lo viste y lo acicala. No es tarea suya, pero le cae bien el viejo, siempre con esa expresión de paz en su rostro. Siempre, menos cuando mueve la cama y lo acerca a la ventana para que pueda ver el río en este tramo tan bonito. ¿Te gusta el río, verdad?, le pregunta mientras le acaricia el pelo. Una vez solo, frente a la ventana, el viejo ni siquiera podrá mover el cuello para desviar la mirada del puente de los suicidas.

Construye tu historia en un máximo de 100 palabras, sin incluir el título. Después, envíanoslo a través de este formulario:

botón formulario

¡Te esperamos en el taller literario de El Sol!

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